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Reputación corporativa: Comunicando actitudes

Miércoles, Abril 28th, 2010

por Ramón Prats 

La innovación de las empresas es una de las principales fuentes de diferenciación y valor añadido, que tendrán su reflejo  en su reputación corporativa. Es por ello que debe diseñarse una comunicación estratégica que acompañe a nuestras actividades potenciando, y permitiendo transmitir, nuestras actitudes. Y esto resulta fundamental por un motivo muy sencillo: sin actitudes, no hay ideas. En estos aspectos, la comunicación estratégica tiene mucho que aportar, mediante una correcta estrategia de definición y diálogo con los stakeholders. Para ello, debe formar parte del diseño de la estrategia general, poniéndose al servicio de los objetivos globales, y actuando como mecanismo conector entre todos los niveles de la actividad.

La comunicación debe determinar sus funciones respecto a unos públicos objetivo, tanto internos como externos, que desarrollarán determinadas actitudes frente a los mensajes recibidos. Según la teoría funcionalista de las actitudes de Daniel Katz, destacado psicólogo social, éstas son determinadas por las funciones que cumplen para los otros, reforzándolas cuando son útiles para alcanzar sus objetivos o para dar respuesta a sus necesidades. Si consideramos estos aspectos, podemos establecer ciertos paralelismos entre las funciones de las actitudes de las personas, y las que las organizaciones desarrollan a lo largo de su ciclo vital.

 En primer lugar, las empresas buscan obtener beneficios y evitar las pérdidas, alineando su actividad con el yo simbólico que las define, una construcción compartida y coherente con la misión, la visión y los valores que marcan su naturaleza y definen su cultura. Del mismo modo, promueven las actitudes que favorezcan su  conservación, intentando evitar las incoherencias o los aspectos que consideran inaceptables con la naturaleza de sus actividades. En tercer lugar, buscan los modos óptimos para poder expresar de forma positiva sus valores centrales, que se ven reforzados interna y externamente. Y por último, intentan establecer marcos de referencia que permitan reducir la incertidumbre y otorgar sentido a los sucesos del entorno, para poder tomar las decisiones adecuadas en los distintos escenarios en los que se vean inmersas.

De forma general, podemos considerar que el cambio actitudinal se produce cuando dichas actitudes ya no pueden dar respuesta a las nuevas necesidades que se plantean, o bien a las expectativas generadas. Tanto las empresas como sus grupos de interés se hallan en un proceso de cambio permanente, de adaptación a realidades que crean de forma conjunta, retroalimentándose mutuamente y redefiniéndolas. Las actitudes son la fuente de la innovación, pensamos que no puede haber ideas sin una actitud positiva y una motivación subyacente. Del mismo modo, la innovación es un catalizador fundamental en el crecimiento de las empresas y, a nuestro parecer, una de las grandes bazas a la hora de generar actitudes, tanto proactivas para nuestras actividades, como favorables frente a ellas. Es cierto que las ideas son uno de los principales activos de los que se nutre la innovación empresarial. Pero resultaría temerario afirmar que no depende de otros factores para convertirse en algo efectivo, puesto que una idea interesante no implica necesariamente una buena oportunidad de generar un valor añadido: aquí es donde entra en juego la gestión, el saber qué hacer con el material ‘bruto’, apoyada en una bien definida estrategia de comunicación que lo impulse tanto hacia dentro como hacia fuera de la empresa, y que debe acompañar la generación de sinergias.

La reputación corporativa es el conjunto de percepciones que tienen sobre una organización sus grupos de interés, tanto internos como externos, constituyendo un elemento fundamental en el rumbo de sus actividades y en su posicionamiento de marca. Las acciones desarrolladas a lo largo de su historia, y el valor aportado a los mencionados stakeholders, determinarán la reputación. El trabajo de la comunicación en este aspecto es el de participar en la gestión de la realidad de la compañía, y trabajar para conseguir que se perciba dicha gestión; por descontado, las actitudes que consigamos fomentar son los pilares fundamentales sobre los que asentar la reputación. Por tanto, tras las decisiones de corte estratégico debe existir un de diálogo con los stakeholders de la compañía, y un buen alineamiento con la naturaleza de sus actividades.

La Responsabilidad Social Corporativa (RSC), a septiembre

Martes, Febrero 9th, 2010

            Septiembre es el mes de las segundas oportunidades para quienes suspendieron en junio. Después de darle muchas vueltas, creo que la RSC tiene que volver a presentarse a examen porque le han quedado 3 asignaturas obligatorias.

             El primer suspenso le ha venido de su propia denominación. Todavía no sabemos cómo llamar a “la cosa”. Hablamos de RSC, de RSE, de RC, de Acción Social… pero ahora hay muchos que empiezan a hablar de ESG (Environment, Social & Government).

             Mi apuesta es que en los próximos dos años se va a imponer el término ESG; porque es el que van a utilizar los inversores; y porque, de hecho, grandes consultoras como Mckinsey ya han optado por esa denominación (y ya sabemos la influencia de Mckinsey en los CEO´s (Chief Executive Officeres) de las grandes compañías).

            Algunos pensarán que este es un debate ya superado; yo creo que no. Cuando no sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de una cosa, no estamos precisamente ante un problema pequeño. Hace tiempo (¿cinco o seis años atrás?) optamos por no distraernos en estos detalles y mirar hacia delante poniéndonos de acuerdo en los contenidos que cabían bajo el concepto “responsabilidad”.

             Y de ese acuerdo surge precisamente la segunda asignatura suspendida: el foco. Durante todo este tiempo hemos intentado meter tantos significados bajo el concepto de la RSC que, al final, se ha desperfilado. Hemos hablado de ética; de transparencia; de marketing social; de proyectos sociales; de filantropía; de diálogo con grupos de interés; de cambio climático; de derechos humanos; de derechos de consumidores y de empleados; de conciliación; de igualdad de género; de discapacidad; de medioambiente; de sostenibilidad; de salarios dignos… No hay función en una empresa o en cualquier organización que pueda abarcar tanto… o tan poco. Cuando en una empresa se habla de ventas, todo el mundo sabe de qué se habla; o de RR.HH; o de compras; o de finanzas; o de marketing.

             Y la tercera asignatura pendiente ha sido vincular la RSC al mercado. Sin ir más lejos el otro día leía en una alerta de Google que los consumidores prefieren precio a RSC. “No es eso –me decía- no es eso…seguimos sin entender de qué estamos hablando”. Pero lo cierto es si seguimos leyendo estas cosas es que no hemos sido capaces de trasmitir al mercado que detrás de una marca, o de una empresa responsable, hay empleo digno, hay I+D (Investigación + Desarrollo), hay integridad, hay, en última instancia, confiabilidad.

             No sabemos todavía explicar el valor de la confianza. No quiero en este post más que hacer una reflexión; no quiero nada más que parar y pensar. Tengo claro que la RSC ha superado la educación primaria; que incluso ha superado la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) y el bachillerato.

             Pero tengo también claro que ahora empieza lo difícil: los estudios superiores, y porqué no, el master o el doctorado. Y para empezar con las cosas serias, no podemos dejar estas asignaturas sin aprobar.

 Pensemos en ello. Yo, por mi parte, prometo hacerlo.

 

30/08/2009, www.diarioresponsable.com

Alberto Andreu Pinillos

Catedrático, Director de Reputación, Marca y Responsabilidad Social Corporativa de Telefónica