Votaciones. ¿Qué hay de los abstencionistas?

En: Comunicación Empresarial| Comunicación Política

15 May 2011

Tengo la impresión de que estas elecciones van a marcar un giro muy importante en la forma de participar en política. No me refiero a que un partido lo haya hecho mal y el otro que gane vaya a hacerlo bien. Esto es una simplificación propia de políticos en campaña electoral. La comunicación política es algo mucho más serio que todo esto. El giro consiste en que tanto quienes van a votar como los abstencionistas desconfían de los políticos como no había ocurrido anteriormente. Antes, los desilusionados de la política se refugiaban en su vida privada, como ya explicó Edward Gibbon, al que muchos consideran el primer historiador moderno, en su Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano.

Ahora, no. Muchos desengañados de la política practican muy bien la comunicación política. Es decir, participan en foros y forman comunidades en la Red para intercambiar ideas y proyectos. La crisis económica ha puesto de manifiesto que la inmensa mayoría de los profesionales de la política ni son profesionales ni entienden la política en lo que tiene de valioso. Muchos internautas cuestionan su competencia, su integridad, su capacidad de comunicar y su manera de llevar a cabo planes y programas. Y cada vez un número creciente de ciudadanos está cuestionando los privilegios de la llamada casta política; incluso, cuestionan el puesto de trabajo de no pocos de ellos. Véase las críticas a la existencia del Senado que los internautas están proponiendo y difundiendo cada vez más.

¿Por qué muchos votantes no van a las urnas?

No sé el índice de participación que va a haber en las próximas elecciones autonómicas y municipales. Una cuestión muy importante es saber por qué millones de votantes se abstienen. ¿Se han preocupado alguna vez los políticos de ahora o de antes por saber los motivos o razones para no votar? Me gustaría saberlo. Y me aventuro a decir que no, aunque luego me voy a ocupar de una excepción. Si vencen en unas votaciones, aunque el índice de abstención sea muy elevado, los políticos no se plantean por qué la gente no ha ido a votar. Ellos tiene el puesto asegurado durante cuatro años. Y los que pierden, tampoco se plantean por qué la gente no los ha querido. Simplemente, esperan una nueva oportunidad y, mientras tanto, buscan cómo colocarse en otro puesto conectado con la política. Hay algunos que vuelven al puesto de funcionario que antes tenían. Y aquí se acaba el misterio.

Los responsables de las empresas privadas viven una historia muy diferente. Saben que el fin de una empresa no es el lucro sino crear y mantener clientes satisfechos. Lo tienen muy claro. Saben que los posibles clientes son de cuatro tipos: Los que aceptan el producto o servicio que la empresa ofrece; los escépticos, los indiferentes y los opositores. Los más difíciles de abordar son los indiferentes, que en política son los abstencionistas. La diferencia entre empresarios de verdad y los políticos de hoy es que los primeros invierten en saber cómo hacer salir a los indiferentes de su estado y hacerles que vayan a comprar. Es decir, quieren una buena comunicación empresarial. Pagan a investigadores de mercado para que logren lo que Gustavo Adolfo Bécquer deseaba en su Rima VII, y que constituye un auténtico programa, salvadas las distancias entre un arpa y un votante:

Del salón en el ángulo oscuro,

de su due a tal vez olvidada,

silenciosa y cubierta de polvo,

veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,

como el pájaro duerme en las ramas,

esperando la mano de nieve

que sabe arrancarlas!

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,

y una voz como Lázaro espera

que le diga «Levántate y anda»!

El investigador de la política y de la comunicación política debería preocuparse por qué hay millones de votantes que eligen quedarse en casa o irse a la montaña o a la playa en lugar de acudir al lugar de las votaciones. Todo el tiempo dedicado a este menester será muy importante, porque puede decidir el camino de una nueva política. Y cuando hablo de una nueva política, no me refiero a la concepción de Ortega, que en política acertó muy poco. Aunque los políticos se nieguen a saber qué opinan los votantes, una parte activa de los ciudadanos se encargará de presionarlos para que hagan las cosas de manera distinta.

¿Qué hacer después de averiguar por qué la gente no vota?

Entre los investigadores y científicos sociales que más admiro están Russell L. Ackoff y Fred Emery. Algún día me ocuparé de ellos en este Blog, pues ya he escrito sobre estas dos personas tan sólidas y creativas. El primero habla de un requisito jerárquico y de un requisito democrático que parecen estar continuamente en conflicto. Dice del requisito democrático: «En una democracia ningún individuo puede ser sometido al control de otro que no está sometido a control por aquellos sobre los que ejerce algún control. En el gobierno, por ejemplo, todos los políticos y funcionarios están sujetos a “la voluntad de los gobernados”». Puede parecer que Ackoff hace un juego de palabras con el término “control”, pero comprendemos muy bien lo que quiere decir cuando lo leemos por segunda vez. La razón última de conseguir que un abstencionista vaya a votar es porque así podrá implicarse y controlar a los que pueden pensar que es fácil aprovecharse de la voluntad de los votantes.

Un precedente a evitar

Antes he hablado de una excepción en un panorama general. Excepción me parece lo que hizo Alejo Vidal-Quadras en las elecciones de 1996. Como responsable del PP en Cataluña, diseñó una campaña que le dio muy buen resultado. Averiguó qué era lo que podía movilizar a los posibles votantes del PP y lo puso en práctica. Y el PP creció en Cataluña como nunca lo había hecho y como no lo ha vuelto a hacer. Sin embargo, el resultado para él no pudo ser peor: José María Aznar necesitaba la colaboración de Jordi Pujol para formar Gobierno y Vidal-Quadras pronunció unas palabras contra los nacionalistas catalanes en un Curso de verano de la Universidad de Santander. Y Aznar hizo dimitir a Vidal-Quadras.

Muchos califican este acto del mayor error de Aznar. Otros escribieron entonces que fue una traición en toda regla y que ofreció en bandeja la cabeza de Vidal-Quadras a Pujol. El hecho es que el PP no ha vuelto a ser en Cataluña lo que era en los quince años transcurridos. Este ejemplo debería servir para tener un ojo puesto en lo que Parménides denominaba la “vía del no-ser”.

 

 

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1 Comentario para Votaciones. ¿Qué hay de los abstencionistas?

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José Luis Mingo

Mayo 21st, 2011 at 13:08

Felicísimo, esta entrada es una muestra más de tu enorme sabiduría, muchas gracias por tu regalo.

¿Qué piensas de los Indignados?

¿Estamos ante un movimiento espontáneo?

¿Alguien, para mejorar su posición política ha encendido la mecha de un polvorín?

¿Se ha abierto un proceso de cambio radical?

Acaso, con tu enorme capacidad de análisis puedas aportar luz para comprender mejor este nuevo y, por tantos motivos inquietante, fenómeno social.

Un saludo cordial

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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