Estado de emergencia ortográfica

En: Comunicación Empresarial| Comunicación Política

20 Mar 2012

No se me ocurre nombrar de otra manera a lo que estoy observando en mis clases de la Universidad. Desde luego, me parece un grave problema que hemos de abordar desde la Comunicación Política y desde la Comunicación Empresarial. Al final de este Currso académico, habré tenido alrededor de 400 estudiantes. Por tanto, me creo autorizado para sostener mis afirmaciones.

Faltas, faltas y más faltas de ortografía
Lo venía observando desde hace años, pero todavía no he averiguado la razón de por qué este año ha habido una especie de explosión de faltas de ortografía. Acentos y comas ausentes o en los lugares equivocados, párrafos tan largos y tan llenos de conjuntivas, concesivas y adversativas que, al final, es un suplicio corregir desde pruebas objetivas hasta trabajos de 25 páginas. Y no digamos las palabras mal escritas. Por ejemplo, ¿cómo es posible que la tercera parte de una clase escriba “excepticismo” y se queden tan contentos? Cuando lo he comentado con otros compañeros, hay algunos que se muestran muy preocupados. Otros parece que han bajado los brazos definitivamente.

La ortografía como problema de la Comunicación política y Empresarial


¿Parece exagerado si escribo que la Ortografía es esencial para la Comunicación Política y Empresarial? Creo que lo es, y muy importante. Si la palabra es esencial para que los políticos y empresarios hagan llegar a los ciudadanos sus planes y programas, todo lo que estorbe la recepción de esa palabra repercute en la efectividad de esos planes y programas. Un político que escribe mal o un empresario que se expresa deficientemente, cometen una doble falta: a) distrae la atención de sus audiencias, que preferirán dedicarla a los planes y programas de otros candidatos; y b) rebaja el listón del respeto que sus posibles votantes o sus trabajadores reales les deben tener. Por tanto, dañan su capacidad de liderazgo. Alguien me podrá decir que ni los políticos ni los empresarios escriben sus textos y que son otros quienes realizan ese menester. Entonces, yo pregunto cómo podemos estar seguros de que quienes escriben esos textos cumplen bien con su trabajo. No es esa seguridad la que yo tengo cuando leo muchos textos atribuidos a políticos y empresarios. Y clérigos, claro está. No es afición; es entusiasmo lo que sienten por los galicismos y anglicismos. Y por las frases hechas. Y por las cursilerías más inauditas.

El estilo, siempre el estilo

Un profesor que se esfuerza para que sus estudiantes adquieran un estilo personal, en cualquier nivel de la enseñanza, es un personaje muy interesante y muy importante en el futuro de muchas personas. Ahora, los profesores necesitan oponerse a la corriente general para recomendar libros de grandes escritores. Ahora, es muy fácil ajustarse a la moda de los libros más vendidos. Sin embargo, en España contamos con la gran ventaja de un panfleto- en el mejor sentido de la palabra- titulado La fiera literaria, y del que han salido nada menos que 242 números en papel. Ahora, en 2012, ha pasado definitivamente a formato digital. Diversos autores han triturado todos los tópicos sobre la novela española de los últimos treinta años. Por tanto, los estudiantes universitarios no pueden encontrar modelos en los libros que resultan éxitos de ventas. Y no únicamente en los españoles.

¿Qué hacer ante esta situación?

Como las competencias en Educación están transferidas a las Autonomías, es prácticamente imposible establecer un canon de excelencia en ortografía. Sucede algo parecido a como cuando la ex-ministra González-Sinde quería solucionar los problemas del cine español. Ella, autora de uno de los peores cinco guiones de toda la historia del cine-español: Mentiras y gordas. Casi podríamos decir que los profesores se encuentran actuando en una guerra de guerrillas dentro del estado de emergencia ortográfica al que tienen que hacer frente. Por ejemplo, una profesora que se encuentra con exámenes plagados de faltas de ortografía les dice a los estudiantes que no se los corregirá mientras ellos no traigan cumplimentados cuadernos de ortografía de los que venden las editoriales para edades no universitarias. Al parecer, le da muy buen resultado. Yo propongo dos procedimientos con los que los estudiantes pueden aprender mientras se lo pasan bien: a) tomar ejemplos aparecidos en los libros que han tenido mucha venta y escoger pasajes en los que La Fiera Literaria ha detectado faltas de ortografía, construcciones inapropiadas, frases hechas… y que los estudiantes averigüen dónde están los desastres y los transformen en panoramas ortográficos aceptables;b) escoger sentencias judiciales y averiguar por qué se los jueces se han convertido en los profesionales que, quizá, peor escriben en España. Después de caer en la cuenta de toda la morralla ortográfica y de reacción que encierran muchas de esas sentencias, convertirlas en prosa que los contribuyentes puedan comprender. A la vez, podemos contrastar los escritos de los jueces con los de los notarios, que saben describir y exponer muy bien.Podemos asistir a la paradoja de que, si hay profesores de varias autonomías que se ponen de acuerdo para publicar uno o varios libros con los trabajos de corrección de sus estudiantes, los jueces tengan que volver a recordar las buenas clases de redacción que cursaron en el  Bahillerato.

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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