¿Por qué el Análisis Transaccional es tan útil para educar y formar?

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30 May 2012

La experiencia de un amigo, gran profesional

Tengo un amigo que está especializado en salvar negocios. Y no sólo en España, sino en Hispanoamérica. Desde una tienda de barrio a un gran complejo hotelero; desde una boutique a un restaurante. Imagínense ustedes todo tipo de negocios lícitos, claro está, y será raro que mi amigo no haya sido llamado como consultor.

Creo necesario aplicar el adjetivo “lícitos”, porque en cierta ocasión, un señor me dijo: “A mí me gustaría tener un negocio, aunque fuera lícito”. Y yo le respondí que no siguiese por ese camino porque, escuchándole, podía mejorar mi opinión sobre Al Capone.

La manera de actuar de mi amigo es sencilla; sí, esa sencillez que se adquiere después de tener la mirada y el oído muy bien entrenados. O como cuando manejamos el coche con facilidad después de haberlo conducido durante muchos miles de kilómetros. Observa cuidadosamente cómo funciona el negocio en el entorno que le rodea y, en un tiempo sorprendentemente corto,  identifica cuáles son los puntos fuertes y débiles del negocio y qué “zonas” hay que mejorar. Sorprende a los dueños de los negocios porque siempre evita hacer inversiones millonarias El remedio casi nunca es ése.

Ya sé que alguno de ustedes estará pensando que estoy preparando el ambiente para presentar al AT como una panacea para los negocios. Pues, no. No lo es. Porque algunas veces, el problema del negocio está en algo tan simple como la comunicación; o saber donde encontrar  a sus clientes; o diferenciar los productos; o gestionar adecuadamente el precio…

Lo que sí tiene comprobado es que el problema de muchos negocios es el del trato con los trabajadores, entre los trabajadores o con el público. Y él ha comprobado que no hay una herramienta más útil para educar y formar a la gente que el AT.

El AT en la formación de profesionales

Cuando Eric Berne publicó su primer libro sobre Análisis Transaccional, hace cincuenta años, los responsables de formación de muchas empresas vieron que podría resultar muy útil para mejorar la actuación del personal. Y recibieron formación en AT muchos miles de personas de las principales empresas norteamericanas y de diversos países. De manera que el AT respondió a las necesidades del mercado como ninguna otra escuela había hecho anteriormente, exceptuando el gran éxito que habían constituido los Cursos de Dale Carnegie.

(El hombre más rico del mundo, Warren Buffett, dice que el único título que tiene colgado en su casa es el que obtuvo en un Curso Dale Carnegie, que debió de cambiar su vida).

Después, surgieron otros Cursos de Dirección por Objetivos, Liderazgo Situacional, Círculos de Calidad, Excelencia, … hasta llegar al éxito de Inteligencia Emocional, hace quince años. Sin embargo, ninguno ha tenido la potencia ni la capacidad de responder a las necesidades de formación como el AT. De manera que, cuando un buen formador sabe enseñar el AT, los profesionales lo encuentran como un auténtico descubrimiento. La pregunta que nos hacen es “¿Por qué no hay más cursos de Análisis Transaccional?”.

El AT permite que un profesional, de cualquier nivel, se conozca a sí mismo de manera rápida y eficiente. Y a continuación, aprende cómo puede comunicarse bien o muy bien con los demás, y cómo puede comunicarse mal, o muy mal. Sobre todo, qué hay que hacer para cambiar la situación. Y cuando ha asimilado las relaciones más sencillas, da un paso más y aprende los trucos que se puede poner a sí mismo y a los demás. Es decir, no se contenta con la fachada que lanzamos las personas sino con lo que escondemos en el patio trasero o jardín secreto. Es el apasionante terreno de los “juegos psicológico-comunicativos”. Berne consiguió que su libro Juegos en que participamos se convirtiese en uno de los diez libros más vendidos durante dos años. No está mal, ¿verdad?. Berne no se contenta con exponer lo que nos ocultamos a nosotros mismos y a los demás, sino que ofrece soluciones.

Los juegos en las organizaciones…

Hablando de juegos, comenzaron en Estados Unidos y en otros países a investigar sobre los juegos en diversas profesiones. Decía el gran investigador social Russell L. Ackoff- personalmente, es a quien más he admirado como investigador y por su gran sentido del humor- que las empresas cambian de tipo de Cursos porque los responsables de la formación temen que digan de ellos que están pasados de moda, no porque quieran solucionar a fondo los problemas. También creen que variar de tipos de cursos hace que los trabajadores no se aburran. Quienes han sabido profundizar en los juegos, han descubierto un panorama insólito, porque han comprobado que hay más luchas entre quienes trabajan en una misma organización que entre ésta y las de la competencia. Descubrir los juegos y sus componentes ocultos puede significar la diferencia entre una empresa o institución que funciona y otra que renquea, capota y se estrella. Además, descubrir los juegos en las organizaciones puede resultar apasionante. Mucho más entretenido, agradable y útil que la mayoría de los libros que leemos y de las películas que vemos. Sobre todo, cuando el trabajo del responsable no se limita a observar cruzado de brazos sino a cambiar lo que está observando. Como hace mi amigo, vamos.

… y en las aulas

Uno de los campos que los estudiosos del AT querían descubrir eran los juegos de los estudiantes. Era natural, porque muchos profesores han estado siempre sometidos a tensiones con los alumnos, no sólo ahora, cuando sabemos que muchos profesores piden la baja médica por depresión. Quienes saben descubrir los juegos que conforman el clima de los grupos en las aulas, aumentan su seguridad en sí mismos y descubren un panorama de conflictos que también pueden cambiar. Decía Mark Twain: “Todo el mundo habla del tiempo, pero nadie hace nada para mejorarlo”. Pues bien, los profesores que dominan el AT no son simples meteorólogos sino que pueden cambiar las relaciones con los estudiantes y de éstos entre ellos. Y si éstos mejoran, sus familias lo notarán. Y así sucesivamente.

Lo que decía Berne sobre una astillita

Berne escribía muy bien. Y según estaba presentando hace un momento lo que puede hacer un profesor que domine los juegos y sus remedios, me he acordado de una comparación que ponía Berne.
“Si Jeder tiene una astillita clavada en el dedo gordo del pie derecho y se le infecta, empezará a cojear. Esto afecta a los músculos de su pierna y, para compensar, los músculos de su espalda se tensarán. Al cabo de un rato, también se verán afectados los músculos de sus hombros, y poco después, los de su cuello. Si camina mucho, la perturbación del equilibrio muscular aumenta hasta que al final también se ven afectados los músculos de la cabeza y del cuero cabelludo; entonces le puede entrar dolor de cabeza. Al hacerse la marcha cada vez más difícil porque tiene el cuerpo cada vez más rígido y aumenta la infección, su circulación y su digestión pueden empezar a funcionar mal. Llegado este punto, alguien podría decir:

“Esto es muy difícil de curar, pues afecta a los órganos internos y a la cabeza, además de a todos los músculos del cuerpo. Es una enfermedad de todo el organismo”. Pero aparece un cirujano, y dice: “Yo puedo curarlo todo, incluidos la fiebre, el dolor de cabeza y toda la tensión muscular”. Extrae la astilla, la infección mengua, Jeder deja de cojear, los músculos del cuero cabelludo y del cuello se relajan, y el dolor de cabeza desaparece; y, al relajarse el resto del cuerpo, todo vuelve a la normalidad. Así, pues, aunque el malestar afecte a todo el cuerpo, puede curarse buscando la astilla en el lugar adecuado y extrayéndola. Entonces, no sólo Jeder, sino todos los que lo rodean, se sienten aliviados y pueden relajarse también. ”

El Máster Universitario en Análisis Transaccional, que la Universidad Camilo José Cela ofrece en modalidad a distancia para el curso 2012-2013, tiene la Educación como uno de los campos en los que profesionales y educadores pueden aplicar lo que van aprendiendo. “Renovarse o morir”, afirman los que tienen un sentido exagerado de la publicidad. Tampoco hay que ponerse tan serios. Lo que este Máster sí puede es hacérselo pasar muy bien a quienes lo estudien y practiquen. No se trata de enseñarles a observar, como cuando visitamos un taller y vemos un coche en lo alto de una plataforma, con sus ruedas moviéndose, pero sin avanzar ni un centímetro. Su fin es que los profesionales que trabajan en empresas, instituciones y centros de todos los niveles de la enseñanza sepan cómo dominar los mandos del vehículo -un autobús, un tren, un avión, ¿por qué no imaginarlo así?- y llevar a sus pasajeros a sus destinos, haciendo del viaje una experiencia muy agradable.

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Acerca de este Blog

Felicísimo Valbuena de la Fuente es Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información.

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